EL AMOR QUE NO NECESITABA SACRIFICIOS

amar a alguien no consistía en retenerlo, sino en celebrar cada paso que daba hacia sus sueños.

Apreté suavemente a Valeria contra mí.

—Te amo —susurré.

Ella levantó el rostro.

—Yo también te amo, Diego.

Sonrió.

Y añadió, con aquella expresión que conocía desde hacía tantos años:

—Pero, por favor, deja de hacerme preocuparme por ti.

Solté una carcajada.

—Voy a intentarlo.

—¿Lo prometes?

—Lo prometo.

Valeria volvió a abrazarme.

Y entonces comprendí algo que me habría resultado imposible entender aquel primer día.

La maleta azul no había sido una