Porque vamos a desayunar con tu mamá.
—¿A qué hora?
—A las nueve.
Suspiré.
—¿Y quién autorizó ese horario?
Valeria sonrió en la oscuridad.
—La administración.
Me reí.
Después la abracé.
Y mientras cerraba los ojos, pensé que, después de tantos años, finalmente habíamos aprendido la lección más importante de todas.
No necesitábamos salvarnos mutuamente.
Solo necesitábamos amarnos sin olvidarnos de nosotros mismos.
Y aquella fue la primera vez que entendí que un verdadero hogar no es el lugar donde alguien sacrifica toda su vida para quedarse contigo, sino aquel