Me fui un mes y, cuando regresé, mi marido y mi hija descubrieron que ya no pensaba seguir rogando por un lugar en mi propia familia

primer cajón del armario.

Mia vestía dos calcetines iguales.

El mundo no se había terminado.

Me levanté.

—Que les vaya bien.

Daniel frunció el ceño.

—¿No vienes?

—Ya te dije que no podía.

—¿Qué tienes que hacer tan importante?

—Una reunión.

Se rio sin humor.

—¿Una reunión?

—Sí.

—¿Con quién?

Tomé mi bolso.

—Con la directora de personal de la cadena nacional.

Daniel dejó de moverse.

—¿Qué?

Le sonreí.

—Me ofrecieron volver a televisión.

El silencio fue inmediato.

La llamada había llegado durante mi viaje.

No fue casual.

A los