recordara aniversarios.
Que me mirara.
Ya no tenía lista.
—Nada.
Aquella palabra lo desconcertó más que cualquier reproche.
—¿Nada?
—Nada.
Miré el reloj.
—Voy tarde.
Salí.
La reunión duró casi cuatro horas.
Cuando entré al edificio de la cadena, nadie me reconoció durante los primeros minutos.
Después una maquilladora gritó mi nombre.
Un camarógrafo vino a abrazarme.
El antiguo director de noticias, ya jubilado, apareció especialmente para verme.
—Mira quién volvió.
Sonrió.
—Pensé que te habías olvidado de nosotros.
Mis ojos ardieron.
—Yo también.
Durante años había contado la historia