revisando el contrato de televisión.
—Necesitamos hablar.
—Habla.
—Mia está sufriendo.
—Mia está enfadada.
—Es una niña.
—Sí.
—Entonces actúa como su madre.
Dejé el documento.
—¿Qué significa eso?
—Sabes perfectamente.
—No.
—Antes eras paciente.
—Antes cedía.
—No es lo mismo.
—Para ustedes sí.
Daniel caminó por la habitación.
—Desde que regresaste estás distinta.
—Sí.
—Fría.
—Puede ser.
—Egoísta.
Eso me hizo reír.
—¿Qué?
—Nada.
—No es gracioso.
—Lo sé.
Me levanté.
—Daniel, durante seis años dejé mi trabajo, mi vida social, mis horarios y prácticamente cualquier decisión espontánea porque