miré.
Él notó mi mirada.
—La psicóloga dijo algo parecido.
—Lo sé.
Casi sonreí.
Tres meses después de mi regreso, Daniel empezó a cambiar.
No de manera espectacular.
No hubo flores llenando la casa.
Ni discursos.
Ni promesas melodramáticas.
Empezó a saber cosas.
El nombre de la profesora auxiliar.
El día de gimnasia.
La marca de yogur que Mia toleraba.
Dónde estaban las medicinas.
Cuándo había que pedir cita al dentista.
Qué uniformes necesitaban lavado especial.
La talla de zapatos de nuestra hija.
Detalles.
Los pequeños conocimientos invisibles que componen