hacia la ventana.
—Se sentía tranquila.
Daniel bajó la cabeza.
—Entiendo.
—No creo que entiendas.
—No.
Su voz era baja.
—Pero estoy intentando.
La verdadera ruptura con Clara ocurrió un mes después.
No porque yo la exigiera.
Ella llegó a nuestra casa sin avisar.
Llevaba regalos para Mia.
Un vestido.
Caramelos.
Una muñeca.
Daniel abrió la puerta.
Yo estaba arriba.
Escuché voces.
Después bajé.
Mia ya tenía la muñeca en las manos.
—¡Tía Clara!
Clara sonrió.
—Mi niña.
Me vio.
Su expresión cambió ligeramente.
—Hola, Sofía.
—Hola.
Daniel miró los