tarde?
La pregunta llegó por fin.
No «¿sigues enfadada?».
No «¿cuándo volverás a ser normal?».
No «¿qué quieres que haga?».
¿Ya es demasiado tarde?
Me senté frente a él.
—No lo sé.
Su rostro palideció.
—¿Estás pensando en divorciarte?
Miré a nuestra hija.
Dormida.
Por primera vez decidí no mentir.
—Sí.
Daniel cerró los ojos.
No dijo nada durante mucho tiempo.
—Desde cuándo.
—Desde antes del viaje.
—¿Antes?
—El viaje no fue para castigarte.
Pausa.
—Fue para comprobar cómo se sentía una vida sin ustedes.
Aquello le dolió.
—¿Y?
Miré