mal?
—No.
—Entonces ¿qué?
Daniel respiró.
—Estuviste demasiado dentro de una familia que no era la tuya.
Me quedé inmóvil.
Clara también.
—Eso es injusto.
—Puede ser.
—Fuiste tú quien me llamó.
—Sí.
—Tú me llevaste a los viajes.
—Sí.
—Tú trajiste a Mia.
—Sí.
Su voz se quebró.
—Entonces no me conviertas ahora en culpable para recuperar a tu esposa.
Daniel cerró los ojos.
—No lo hago.
—Claro que sí.
Clara miró hacia mí.
—¿Estás contenta?
No respondí.
—Durante años tú no tenías problema.
Aquello me hizo hablar.
—Sí