Me fui un mes y, cuando regresé, mi marido y mi hija descubrieron que ya no pensaba seguir rogando por un lugar en mi propia familia

aniversario, él no dijo nada.

Lo recordé dos días después.

—¿Era el martes?

—Sí.

—¿Y no dijiste nada?

—Estabas preparando la entrevista con el ministro.

—Podías recordármelo.

Sonrió.

—Pensé que sería hipócrita.

Aquello me hizo reír.

Luego llorar.

Daniel me miró.

—¿Qué pasa?

—Nada.

—Sofía.

—Me da rabia.

—¿Qué?

—Que estés aprendiendo ahora.

Su sonrisa desapareció.

—Lo sé.

—Me da rabia que ahora seas el hombre que necesité durante seis años.

Daniel bajó la mirada.

—Lo sé.

—Porque hace que parezca que si me voy, yo soy la que abandona