aun así no la retiré.
Fuimos a terapia.
No para salvar el matrimonio necesariamente.
Para descubrir si quedaba algo que salvar.
La terapeuta nos preguntó qué había pasado.
Daniel habló de Clara.
Yo negué.
—Clara no es el centro.
Él me miró.
La terapeuta preguntó:
—Entonces ¿qué lo es?
Pensé.
—Desaparecí.
Silencio.
—¿Cómo?
—Me fui haciendo más pequeña.
Mi trabajo.
Mis amigos.
Mis horarios.
Mi cuerpo.
Mis intereses.
Todo se convirtió en familia.
Respiré.
—Y mientras yo desaparecía, Daniel empezó a respetarme menos.
Él se tensó.
—Yo no…
La terapeuta