años miré desde fuera cómo construían una familia en la que yo era la pieza que sobraba.
Durante aquel mes viajando sola subí hasta una montaña cubierta de nieve.
Frente a ella me hice una pregunta:
¿Vale la pena continuar un matrimonio en el que llevo años rogando para que me incluyan?
El viento despejó las nubes de la cima.
Y por primera vez tuve una respuesta.
Saqué la fotografía.
Se la mostré a Daniel.
Su expresión cambió.
—Si nuestro aniversario fue un accidente…
Mi voz salió tranquila.
—¿Cómo explicas