PARTE 2 / Mi esposo dijo que se marchaba dos años a Canadá. En cuanto se fue, tomé una decisión que cambió todo

Cuando Adrián me abrazó frente al control de seguridad del aeropuerto, yo tenía los ojos llenos de lágrimas. Él creyó que me costaba aceptar que pasaríamos dos años separados.

No sabía que ya había descubierto la verdad.

—No llores, Clara —me susurró mientras me acariciaba el cabello—. El tiempo pasará rápido. Cuando vuelva, podremos cumplir todos nuestros planes.

Asentí, apretando la correa de mi bolso.

—¿Me llamarás cuando llegues?

—Por supuesto, cariño. Recuerda que hago esto por nuestro futuro.

Nuestro futuro. Esas palabras me dolieron más que la despedida.

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