El documento incluía dos nombres: Adrián y Valeria.
Yo conocía a Valeria. Adrián me la había presentado seis meses atrás en una cena de empresa. Era elegante, simpática y me había dicho que le encantaba mi vestido. Ahora recordaba las miradas que se habían cruzado aquella noche.
Pasé horas tratando de encontrar una explicación. Quizá era una inversión o parte de un proyecto. Pero varios detalles no encajaban: la información sobre el supuesto empleo en Canadá no coincidía con los documentos que yo había visto, mientras que algunos gastos estaban