de años de trabajo e inversiones. Adrián sabía lo importante que era ese dinero para mí, pero ciertos documentos sugerían que podía querer utilizarlo para financiar su nuevo hogar.
Esa noche no dormí. A la mañana siguiente, pedí una cita con una abogada especializada en divorcios. Le expliqué lo ocurrido y le mostré los documentos a los que tenía acceso legítimo.
Me escuchó con atención y fue clara:
—Entiendo que esté dolida, pero lo primero es proteger sus derechos y actuar con cuidado. Cada decisión financiera debe estar respaldada y