la puerta, miró hacia ambos lados y utilizó una tarjeta de acceso.
La cerradura se abrió.
El hombre entró.
Y permaneció dentro durante cuarenta y tres minutos.
Ricardo sintió que la sangre se le helaba.
—¿Quién es ese guardia?
El supervisor consultó los registros.
—Sergio Valdés, señor. Fue trasladado hace tres semanas.
—¿Quién autorizó su entrada?
El supervisor guardó silencio.
Después señaló un código en la computadora.
—La autorización aparece registrada a nombre de la subdirectora Elena Vargas.
Ricardo se levantó lentamente.
—Eso es imposible.
Elena llevaba quince años trabajando