socios desaparecieron.
La prometida rompió el compromiso apenas comenzaron las deudas.
Muchos de los amigos que aparecían en las fotografías dejaron de contestarle el teléfono.
Solo pronunció un nombre.
El suyo.
Saqué una de las viejas cartas que Iván escribió cuando era niño.
La coloqué junto al expediente.
El abogado la observó en silencio.
—Nunca dejó de hablar de usted.
Solo tuvo miedo de que la gente descubriera que no provenía de la familia que inventó para abrirse camino.
Quiso parecer alguien distinto.
Y terminó perdiéndose a sí mismo.
Aquellas
EL HOMBRE AL QUE CRIÉ COMO A MI PROPIO HIJO