diagnosticaron insuficiencia renal avanzada.
Sentí que el corazón se encogía.
—¿Está… muy grave?
Asintió lentamente.
—Necesita un trasplante. Los médicos creen que todavía hay posibilidades, pero el tiempo juega en su contra.
Me quedé inmóvil.
Aun así seguía sin entender por qué aquel hombre había llegado hasta mi casa.
Entonces colocó sobre la mesa un poder notarial firmado por Iván.
—Antes de ingresar al hospital nos pidió localizarla.
Levanté lentamente la vista.
—¿Para qué?
El abogado respiró profundamente.
—Porque perdió la confianza en todos los que lo rodeaban.
Sus antiguos
EL HOMBRE AL QUE CRIÉ COMO A MI PROPIO HIJO