MI HERMANA TENÍA QUE PEDIRLE DINERO A SU ESPOSO HASTA

había robado nada porque pensaba que vivirían allí juntos. Entonces le pregunté por qué podía pagar aquella cuenta enorme a sus amigos mientras Maribel tenía que pedir permiso para comprar pollo. La respuesta fue todavía peor: recibía bonos por productividad y pagos de horas adicionales que jamás incorporaba al presupuesto que enseñaba en casa.
Maribel había entregado casi todo su salario mientras Javier conservaba una parte importante de sus ingresos reales. Él lo justificó diciendo que alguien debía “tener control” porque ella era demasiado generosa con su familia. La muñeca