una entrada independiente y un pequeño espacio con baño.
Maribel palideció.
—¿Para quién?
Sonia tardó demasiado en contestar.
—Para tu mamá.
Nuestra madre llevaba casi cuatro años viviendo sola desde que murió papá. Maribel la ayudaba cuando podía, pero Javier se quejaba constantemente de cada peso que ella le daba.
—Él no soporta que yo ayude a mi mamá.
—No quería que la ayudaras como lo estabas haciendo —respondió Sonia—. Quería que viviera ahí.
Y entonces entendimos que Javier no sólo había decidido cómo gastar el sueldo de Maribel.
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