Dejé de respirar por un instante.
Maribel llevaba más de un año entregándole parte de su sueldo porque Javier aseguraba que todavía estaban pagando un préstamo que habían solicitado al casarse.
No entré a enfrentarlo.
Tomé una fotografía desde lejos y regresé directamente con mi hermana.
Pero al llegar encontré a Maribel sentada en el piso del dormitorio.
Frente a ella había una caja de plástico abierta.
—¿Qué pasó?
Me mostró varias hojas.
—Buscaba mi contrato del trabajo.
Eran recibos bancarios.
El supuesto préstamo matrimonial aparecía liquidado desde hacía **catorce
MI HERMANA TENÍA QUE PEDIRLE DINERO A SU ESPOSO HASTA