meses**.
—Entonces ¿a dónde va tu dinero?
Maribel empezó a llorar.
Seguimos revisando.
Encontramos depósitos mensuales a una cuenta que ninguna conocía.
Siempre por cantidades diferentes.
Todos llevaban la misma referencia:
**“Aportación casa.”**
—Nosotros no tenemos casa —susurró.
El último comprobante tenía una dirección.
Busqué el lugar en mi teléfono.
Era una vivienda nueva en las afueras de Puebla.
Pero había algo todavía más extraño.
En una de las hojas aparecía un nombre escrito a mano junto al número de operación.
Maribel lo reconoció inmediatamente.
—Daniela…
Su voz cambió.
—Ése
MI HERMANA TENÍA QUE PEDIRLE DINERO A SU ESPOSO HASTA