MI HERMANA TENÍA QUE PEDIRLE DINERO A SU ESPOSO HASTA

No estaba trabajando horas extras como había dicho.
Tenía enfrente botellas, cortes de carne y tres amigos.
Me quedé detrás de un puesto antes de que pudiera verme.
—Otra ronda —ordenó uno.
—Pide lo que quieras —respondió Javier—. Hoy invito yo.
Uno de sus amigos se burló:
—¿Y tu esposa no revisa las cuentas?
Javier soltó una carcajada.
—¿Maribel? Ella ni sabe cuánto entra realmente a la casa.
Sentí que se me calentaba la cara.
Entonces sacó un fajo de billetes.
—Mientras crea que seguimos pagando aquella deuda, no pregunta.