MI HERMANA TENÍA QUE PEDIRLE DINERO A SU ESPOSO HASTA

Maribel.
La casa no era de la mujer de la fábrica. Se llamaba **Verónica Ríos** y trabajaba para una pequeña cooperativa de empleados que organizaba planes de ahorro para vivienda. Javier había entrado casi dos años atrás, cuando todavía pagaban el préstamo matrimonial. El esquema era sencillo: varios trabajadores aportaban cada mes y, cuando reunían cierta cantidad, podían utilizarla como enganche y solicitar financiamiento. —Entonces esos depósitos eran nuestros ahorros —dijo Maribel. Javier respondió: —Eran para nosotros. —¿Por qué nunca me dijiste?
Porque la solicitud no estaba a nombre de