barra de chocolate.
Y entonces no pude contenerme.
Lo abracé con fuerza.
—Gracias —susurré.
Ethan me devolvió el abrazo.
—¿Por qué?
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—Por todo.
Se quedó pensando.
—¿Todo qué?
Le mostré la libreta azul.
Su expresión cambió.
—Ah.
—Mi mamá me contó lo que hiciste cuando teníamos doce años.
Ethan bajó la mirada.
—Dije que no te contara hasta hoy.
—Lo sé.
—¿Estás enojada?
Negué.
PARTE4
—No contigo.
Ethan respiró aliviado.
Después me miró seriamente.
—Maddie, tengo que decirte algo.
Sentí que el corazón me daba