decidirlo ahora.
Respiré profundamente.
—Pero quiero que sepas algo.
Me miró.
—¿Qué cosa?
—Nunca pensé que fueras una mala madre por llorar cuando papá se fue.
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
—Maddie…
—Y no necesitabas esconderme lo difícil que fue todo para protegerme.
Mi madre comenzó a llorar.
La abracé.
—Podemos hablar de las cosas difíciles. Ya no soy una niña pequeña.
Ella me abrazó con fuerza.
—Tienes razón. Perdóname por haber tardado tanto en entenderlo.
Aquella noche hablamos durante horas.
Por primera vez me contó cómo había conseguido