La amante de mi marido me envió un vi-de-o desde su cama, así que dejé a su madre en la calle y preparé su caída

varios segundos.

Después me tomó la mano.

Sí.

No estaba orgullosa de aquella escena.

Pero tampoco iba a permitir que Ethan utilizara a su madre como escudo moral después de haberla explotado durante meses.

—Podemos discutir mi decisión todo lo que quieras —le dije a Megan—. Pero antes quizá quieras saber por qué tu hermano está tan interesado en que todos crean que Evelyn ya no puede tomar decisiones.

Megan miró a Ethan.

—¿Qué significa eso?

Él dio un paso hacia mí.

—Claire, basta.

—Siéntate.

—No me des órdenes en