yo existía.
—Sí.
—Me enviaste un video para humillarme.
Bajó los ojos.
—Sí.
—Eso fue tuyo.
Hice una pausa.
—Pero que Ethan utilizara dinero de su madre para financiar vuestra relación fue suyo.
Él soltó una carcajada amarga.
—Qué noble.
Lo miré.
—No es nobleza. Es precisión.
—Me estás destruyendo delante de todos.
—No. Estoy describiendo lo que hiciste.
—Después de todo lo que yo he hecho por ti.
Aquella frase me dejó casi sin palabras.
—¿Por mí?
—Te di una casa.
Miré la escritura.
—No es tuya.
—¡Te mantuve