La amante de mi marido me envió un vi-de-o desde su cama, así que dejé a su madre en la calle y preparé su caída

hacia Ethan.

—Me dijiste que era una inversión.

—Lo era.

—¿De dónde salió?

—De mis cuentas.

—No.

Le mostré los movimientos.

—La primera transferencia se hizo dos días después de que retirara dinero de la cuenta de Evelyn.

Vanessa pasó una mano por su cabello.

Por primera vez desde que había llegado, no parecía arrogante.

Parecía enferma.

—Yo no sabía eso.

—Te creo.

Ethan me miró sorprendido.

Vanessa también.

—No te estoy absolviendo de lo que hiciste conmigo —añadí—. Sabías que estaba casado.

Ella apretó los labios.

—Sí.

—Sabías que