MI HIJA LLEVÓ UNA FIGURA DE CARTÓN DE TAMAÑO REAL A SU GRADUACIÓN Y MÁS DE DOSCIENTAS PERSONAS SE BURLARON DE ELLA.

regresaron.

—¡Otra vez con eso!

—¡Qué vergüenza!

—¡Grábenla!

El director la vio acercarse.

—¡Renata!

Su voz retumbó en las bocinas.

—Ya le dije que dejara eso donde estaba.

Mi hija continuó.

Subió los escalones.

Se detuvo frente al micrófono.

—Director, solamente necesito treinta segundos.

—Baje esa figura inmediatamente.

—Por favor.

El hombre dio un paso hacia ella.

—Si no obedece, no recibirá su diploma.

Renata sostuvo la figura con una mano.

Con la otra abrió cuidadosamente la parte delantera de la toga.

Sacó un papel doblado.

Lo levantó.

Y dijo