tijeras, pegamento, pinturas y fotografías sobre la mesa.
Pensé que estaba preparando alguna decoración para la fiesta.
No le di demasiada importancia.
Hasta la mañana de la ceremonia.
Eran poco más de las ocho cuando Renata bajó las escaleras llevando una figura de cartón de tamaño real.
Era la fotografía de un muchacho.
Tendría unos quince años en la imagen.
Llevaba el uniforme de la escuela.
Mi hija había recortado cuidadosamente su silueta y colocado sobre ella una toga azul y un birrete que había conseguido por internet.
Incluso había