el día de tu graduación.
Pensó unos segundos.
—No.
—Pero no pudiste recibir tu diploma con tus compañeros.
—Me lo mandaron después.
—Lo sé.
Sonrió apenas.
—Mamá, yo sí terminé la preparatoria. Emiliano no tuvo esa oportunidad.
No encontré respuesta.
Entonces mi hija añadió:
—No quería que todos sintieran lástima por él. Solamente quería que supieran que no era justo que su lugar estuviera vacío.
Me senté junto a ella.
—Estoy orgullosa de ti.
Renata apoyó la cabeza en mi hombro.
—Gracias, mamá.
La abracé.
Y por primera vez me