una decisión que había tomado tres años atrás.
La ceremonia se celebraba en el gimnasio de la preparatoria.
Había más de doscientas personas.
Padres.
Abuelos.
Maestros.
Alumnos.
Todos vestidos para una ocasión que debía ser alegre.
En cuanto Renata entró con aquella figura de cartón bajo el brazo, comenzaron los murmullos.
—¿Qué trae?
—¿Es un novio de cartón?
—¡No manches, qué ridícula!
Una muchacha sacó su celular y comenzó a grabarla.
Otro estudiante soltó una carcajada.
—¡Renata vino con su novio imaginario!
Algunos padres también se rieron.
Yo sentí que