por el retrovisor.
Nuestra hija nació poco antes del amanecer. La llamé Alma.
Mi marido apareció varias horas después, agotado y oliendo a alcohol y colonia. Lloró cuando vio a la niña. Me pidió perdón por no haber contestado y prometió que jamás volvería a fallarnos.
Durante unos minutos quise creerle.
Al día siguiente me preguntó dónde guardaba la segunda llave del coche. Inventó una historia sobre unas obras en nuestro garaje.
No se la di.
Pero olvidé que él conocía el escondite donde guardaba mi caja de herramientas.
Tres