fue guardar aquel vídeo. Después desactivé el acceso digital que Álvaro tenía al coche y llamé a mi madre.
Elena siempre había sido una mujer tranquila, de esas que prefieren cuidar las plantas antes que discutir con nadie. Sin embargo, cuando le expliqué lo ocurrido, su voz cambió.
—Ya lo he visto, hija. Daniela me ha enviado el vídeo para presumir. He hablado con un cerrajero y voy a cambiar la cerradura del piso. Tu marido no va a entrar cuando tú regreses si no lo autorizas.
Mi siguiente llamada