fue a Mauro, un viejo amigo de mi padre que trabajaba con una grúa de plataforma.
—Mañana me dan el alta. Necesito que estés cerca del hospital a las once.
—Cuenta conmigo —respondió.
No preguntó para qué.
Aquella tarde Mercedes me telefoneó. Ni siquiera intentó disimular.
—Clara, hemos decidido que Daniela se quede con el coche. Tú vas a pasar mucho tiempo en casa con el bebé y ella tiene una boda importante. Álvaro está de acuerdo.
—No tenéis derecho a decidir sobre mis propiedades.
Mi suegra se rio.
—No