en blanco.
Un año después de la muerte de mamá, Luke vino a cenar con flores y fingiendo no examinar mi cocina con demasiado detenimiento.
Miré el pastel, recordando aquella tarde en la que una porción que faltaba me había parecido imperdonable.
Puse una tarta de manzana sobre la mesa y luego metí el último casete que habíamos guardado para esa noche.
La voz de papá resonó entrecortada por la cocina.
“Si Luke está ahí, dale la porción más grande. El chico nunca come lo suficiente”.
Luke me miró.
Entonces