más adecuada.
Soltó una risa amarga.
—Pero la casa estaba vacía.
No respondí.
—Durante años pensé que te echaba de menos porque eras la única persona que podía discutir conmigo sin miedo. Después comprendí que extrañaba todo aquello que hacías por mí y que yo nunca valoré.
Levantó la mirada.
Tenía los ojos húmedos.
—Cuando descubrí lo de Sophie, quise buscarte. Contraté investigadores. Supe que estabas en Dubái, que dirigías una empresa y que estabas prosperando.
—Entonces sabías dónde encontrarme.
—Sí.
—¿Por qué nunca viniste?
Su voz se quebró.
—Porque