ME ARROJÓ A UN FOSO DE SERPIENTES PARA COMPLACER A SU AMANTE… SIETE AÑOS DESPUÉS, VOLVIÓ A VERME Y CAYÓ DE RODILLAS

valía menos que tu comodidad.

Las lágrimas resbalaron por sus mejillas.

—Evelyn, todavía te amo.

Durante ocho años había soñado con escuchar aquellas palabras.

Ahora no despertaban nada en mí.

—Es posible —respondí—. Pero amar a alguien no te convierte automáticamente en una persona segura para esa persona.

Se cubrió el rostro.

—Dime qué puedo hacer.

—Puedes dejar de buscar mi perdón como si fuera una recompensa por tu arrepentimiento.

Adrian respiró con dificultad.

—¿No queda ninguna posibilidad?

Miré el anillo.

Recordé la primera vez que lo había llevado, la