ME ARROJÓ A UN FOSO DE SERPIENTES PARA COMPLACER A SU AMANTE… SIETE AÑOS DESPUÉS, VOLVIÓ A VERME Y CAYÓ DE RODILLAS

en alguien incapaz de amar —murmuré—. Pero tenías razón. No necesitaba renunciar al amor. Solo debía aprender a no perderme por él.

Permanecí allí unos minutos.

Después regresé al recinto de inauguración.

Cuando subí al escenario, observé los rostros de los trabajadores y sus familias.

Pensé en el camino recorrido.

En la joven que había fingido perder una apuesta para acercarse a un hombre poderoso.

En la esposa que había confundido gratitud con obediencia.

En la mujer herida que una noche subió sola a un avión rumbo a Dubái.

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