Su voz sonaba agotada.
—Mamá está asustada.
—Yo también lo estuve cuando desperté con una máquina cortándome el cabello.
Silencio.
—Ella no pensó…
—Exactamente.
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No pensó.
***
Daniel respiró profundamente.
—Podemos arreglar esto.
—No.
—Mariana…
—No.
La respuesta fue firme.
—Lo que tú quieres arreglar son las consecuencias.
No lo que pasó.
***
Daniel permaneció callado.
Porque ella tenía razón.
Todo ese tiempo había intentado reparar daños financieros.
Problemas logísticos.
Incomodidades.
Nunca había intentado reparar la traición.
***
—Te extraño.
Finalmente lo dijo.
Y por primera vez en