Mi suegra me afeitó la cabeza mientras dormía

mucho tiempo, parecía sincero.

Mariana cerró los ojos.

No porque dudara.

Sino porque aquella frase llegó demasiado tarde.

—No extrañas a tu esposa.

Su voz fue tranquila.

—Extrañas a la persona que resolvía tus problemas.

Y colgó.

***

La semana siguiente, la casa fue puesta oficialmente a la venta.

Legalmente pertenecía a Mariana.

Siempre había pertenecido a Mariana.

Daniel lo descubrió cuando recibió la documentación.

Aquello provocó otra discusión.

Otra llamada.

Otra crisis.

Pero esta vez nada cambió.

Porque el poder que había perdido no era financiero.

Era emocional.

Y eso