no podía recuperarlo con una conversación.
***
Dos meses después, Mariana recibió una invitación inesperada.
La ceremonia anual de liderazgo corporativo.
El mismo evento donde meses atrás había recibido su promoción.
Esta vez no asistía como invitada.
Asistía como una de las principales ejecutivas homenajeadas del año.
Y decidió ir.
Con la cabeza completamente rapada.
Sin peluca.
Sin pañuelo.
Sin esconder nada.
Porque ya no había nada que ocultar.
Porque ya no había nada que ocultar.
***
La noche del evento, el salón estaba lleno de ejecutivos, inversionistas y periodistas.
Las luces