Mi suegra me afeitó la cabeza mientras dormía

Aquellas palabras parecían costarle esfuerzo.

—¿Sobre qué?

Daniel soltó una pequeña risa amarga.

—Sobre todo.

***

Mariana permaneció en silencio.

Porque algunas victorias no necesitan celebrarse.

Algunas simplemente necesitan ser escuchadas.

***

—Pensé que sostenía esta familia.

—Lo sé.

—Y resulta que eras tú.

Mariana miró por la ventana de su oficina.

La ciudad brillaba bajo el atardecer.

Durante años había esperado escuchar algo parecido.

Ahora que finalmente llegaba, no producía satisfacción.

Solo claridad.

***

—Cuídate, Daniel.

—Tú también.

Y la llamada terminó.

Sin drama.

Sin reconciliación.

Sin promesas.

Simplemente terminó.

Como terminan