las cosas que ya cumplieron su tiempo.
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Meses después, Mariana visitó una organización que ayudaba a mujeres que habían sufrido abuso doméstico.
No fue para dar un discurso.
Ni para aparecer en fotografías.
Fue porque quería ayudar.
Escuchó historias.
Historias de control.
De humillación.
De personas convencidas de que debían soportarlo todo para mantener una familia unida.
Y comprendió algo importante.
Su historia nunca había sido únicamente sobre cabello.
Ni siquiera sobre una suegra cruel.
Había sido sobre límites.
Sobre respeto.
Sobre el momento exacto en que una persona deja