poder notarial que ella había firmado después del accidente.
Durante los primeros meses de ceguera, Elena había otorgado a Mauricio facultades para realizar trámites bancarios, pagar impuestos y administrar ciertos asuntos mientras ella se recuperaba.
En aquel momento no había cuestionado nada.
Ahora todo parecía distinto.
Una maleta.
Papeles de divorcio.
Una mujer llamada Jimena.
Y un poder sobre parte de sus asuntos financieros.
Elena llamó inmediatamente a Verónica.
—Encontré documentos de divorcio debajo de la cama.
—¿Qué?
—Y una carta para una mujer.
—¿Quién?
—Jimena Salas.
Verónica guardó silencio.