Después de 20 años sin ver, mi esposo me suplicó que cancelara la cirugía que podía devolverme la vista. “Por favor, no lo hagas”, repetía, aunque nuestros 2 hijos soñaban con que pudiera verlos. No discutí y entré al quirófano. Cuando me quitaron las vendas y miré su rostro por primera vez, reconocí una cicatriz que me devolvió al peor día de mi infancia.

—¿Ya hablaste con él?

—Todavía cree que no puedo leer.

—Elena, no hagas nada hasta saber exactamente qué está pasando.

Pero Elena llevaba meses sintiéndose abandonada dentro de su propio matrimonio.

Aquellos papeles parecían confirmar todos sus temores.

Revisó nuevamente la maleta.

Dentro de uno de los bolsillos encontró una libreta pequeña.

Las primeras páginas contenían fechas.

“12 de agosto.

Perdí la paciencia otra vez.”

“19 de agosto.

Elena preguntó 3 veces dónde estaban sus lentes oscuros.

Le respondí mal.

No se lo merecía.”

“3 de septiembre.

Siento que estoy