hace días puedo distinguir tu cara.
Mauricio se cubrió la boca.
Los ojos se le llenaron de lágrimas.
—Puedes verme.
Elena también comenzó a llorar.
Por primera vez en 2 años observó conscientemente al hombre que tenía enfrente.
Había canas que no recordaba.
Ojeras profundas.
Había envejecido.
No 20 años.
Pero sí lo suficiente para que Elena comprendiera algo que la oscuridad le había impedido notar.
Mauricio también había pasado por el accidente.
No había sufrido las mismas heridas.
Pero había vivido sus consecuencias cada día.
Eso no justificaba los