automóvil, renegociaron parte de la deuda con el banco y elaboraron un presupuesto juntos.
Después vino la conversación más difícil.
Verónica reunió a la familia en casa de Elena.
Durante meses todos habían supuesto que Mauricio podía encargarse de cualquier necesidad porque era “su esposo”.
Nadie preguntaba si necesitaba ayuda.
Nadie se ofrecía a llevar a Elena a terapia física.
Nadie cubría una tarde para que Mauricio descansara.
—Nosotros también la regamos —admitió Verónica—.
Convertimos a Mauricio en enfermero de tiempo completo y luego nos sorprendimos porque terminó agotado.
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