tarde, Laura volvió a visitarlo.
Traía una carpeta llena de documentos.
—Estoy comenzando los trámites para que me evalúen como posible familia de acogida de Mateo.
Héctor levantó la cabeza.
— ¿Estás hablando en serio?
—Completamente.
—Laura, apenas conoces a ese niño.
—Lo suficiente para saber que está aterrorizado.
Le contó que había visitado a Mateo con autorización del personal encargado de su protección. El pequeño preguntaba constantemente cuándo tendría que cambiar nuevamente de habitación.
—Ayer me preguntó si en mi departamento cabría un escritorio junto a una ventana —dijo Laura.